Sea Breeze Porch nació en el verano de 2017 en un piso con terraza en el barrio de El Perchel, en Málaga. Marta Villanueva Solísís llevaba ocho años trabajando en recursos humanos y desarrollo de personas en una empresa de logística, y había llegado a un punto en el que sentía que podía hacer más desde fuera que desde dentro. La primera sesión la hizo en esa terraza, con una clienta que era amiga de una amiga, y que vino porque no sabía cómo hablar con su jefe sin acabar llorando. Eso fue en septiembre de 2017. Hoy esa clienta dirige un equipo de once personas en Sevilla.
En 2019 se unió al proyecto Tomás Reyes Alcántara, que venía de trabajar como mediador en el Servicio de Mediación de la Junta de Andalucía, y en 2021 se incorporó Lucía Ferrer Montoya, especialista en comunicación no violenta formada en Barcelona. El equipo creció despacio, a propósito. Nunca quisimos ser una consultora grande. Hay algo que se pierde cuando el equipo supera cierto tamaño: la capacidad de leer bien a cada persona, de recordar lo que se dijo en la sesión anterior, de notar cuando algo ha cambiado. Seguimos siendo tres personas fijas y una red de colaboradores puntuales.
Marta Villanueva Solísís lleva más de quince años acompañando a personas y equipos en procesos de cambio. Formada en coaching ontológico en el Instituto Newfield de Madrid y en comunicación no violenta con el Centre for Nonviolent Communication de Barcelona, trabajó durante ocho años como responsable de desarrollo de personas en una empresa de logística con sede en Sevilla antes de fundar Sea Breeze Porch en 2017. Le gusta empezar cada sesión con cinco minutos de silencio, tiene una colección de tazas de cerámica que sus clientes le han regalado a lo largo de los años, y pone a Caetano Veloso cuando necesita pensar con claridad. Su regular más fiel, un señor llamado Aurelio, lleva tres años viniendo cada primer martes de mes.